Menos sacrificio y más disfrute: fortalecer la salud de nuestras piernas en la playa es posible.

Las vacaciones sin dudas son el momento más esperado del año: ¡llegó por fin la hora de relajarnos! Sin embargo, para quienes padecen várices al aumentar las temperaturas, también se acrecientan el dolor y la sensación de pesadez que éstas provocan. ¿Cómo hacerle frente a este malestar sin restarle prioridad al descanso? El médico flebólogo Miguel Ángel Gramajo Booth, pionero de la Flebología Restaurativa en la Argentina, nos brinda algunos consejos claves para poder cuidar la salud de nuestras piernas mientras disfrutamos de la playa:

Un paseo por la orilla del mar. Nada puede resultar más placentero que aprovechar las horas en las que el sol no está tan fuerte para caminar por la playa: desconectamos de nuestras preocupaciones, nos relajamos y, sin darnos cuenta, nos encontramos realizando una actividad que favorece notablemente nuestro retorno venoso.

Sabroso menú playero. A la hora de elegir qué llevar para comer, podemos optar por alimentos que no sólo nos resulten ricos sino que además sean sumamente nutritivos. Es importante tener en cuenta que para evitar el estreñimiento (tan nocivo para las venas de las piernas), nuestra dieta debe ser baja en calorías y alta en fibras y para ello no hay mejores aliadas que las frutas y verduras. Refrescan, hidratan y combinadas en ensaladas dan lugar a deliciosas alternativas. Otra posibilidad por demás exquisita es abastecernos de nueces y almendras. Como cualquier otro fruto seco, tienen ácidos grasos Omega-3 y por ello colaboran a disminuir la viscosidad de la sangre, favoreciendo el flujo sanguíneo. Pero además hacen que se incremente el “colesterol bueno” y provocan que el “colesterol malo” no se acumule alrededor de las arterias (evitando la formación de placas en las paredes de los vasos sanguíneos).

Agua, todo el tiempo. Beberla no sólo produce un alivio inmediato a ese calor intenso que suele agobiarnos en los días de verano sino que también mejora notablemente nuestra circulación. ¿A qué otras opciones podemos recurrir? Sabrosos y refrescantes pueden resultar también los jugos de frutas y el tereré.

Automasajes: mucho más que una experiencia placentera. Acudir a esta técnica sencilla permite regalarnos unos minutos de relax que se vuelven además ideales para activar la circulación de las piernas. Los masajes tienen que realizarse de forma ascendente (comenzando por los pies y subiendo lentamente hasta llegar a los muslos) y los movimientos deben ser suaves: para ello, hay que cuidar de no aplicarlos directamente sobre las várices sino en zonas aledañas. Tampoco se debe presionar con las yemas sino utilizar las palmas y los dedos en su totalidad. La sangre acumulada en las venas comenzará así a movilizarse e irá fluyendo poco a poco hacia el corazón. Para evitar la fricción, es también muy importante recurrir a cremas o aceites.

Baños en el mar, excelente alternativa. El agua fría activa la circulación y hace que la molesta sensación de cansancio y pesadez disminuya notablemente. Los resultados son más evidentes para quienes se animan a nadar: esa posición casi horizontal es perfecta para un retorno venoso adecuado. Tip extra: una ducha es indispensable para retirar luego la sal de nuestra piel y evitar que se reseque (podemos aplicar incluso alguna crema para hidratarla nuevamente).

El sol ya no es excusa: en verano también podemos decirle adiós a las várices para siempre

¿Eliminarlas completamente? ¿Es posible lograr esto y hacerlo en pleno verano? Definitivamente sí: existen tratamientos como la Fleboterapia Restaurativa que pueden realizarse en cualquier época del año, incluso durante estos meses, ya que el sol no la afecta en lo más mínimo.

La Fleboterapia Restaurativa es un método que revolucionó Europa y en nuestro país fue ampliamente perfeccionado por el Dr. Miguel Ángel Gramajo Booth. A diferencia de los procedimientos tradicionales, que anulan la vena, este novedoso tratamiento introduce en la luz del vaso una sustancia natural que repara la pared del mismo y permite que la sangre vuelva a fluir con total normalidad. Las venas enfermas, en lugar de extirparse, se tonifican y recuperan su funcionalidad. Mínimamente invasivo, el paciente ya no tiene que someterse a esas cirugías dolorosas que por otra parte no garantizan que el problema vuelva a aparecer. Sus resultados además son inmediatos y el paciente logra reincorporarse sin problemas a sus actividades habituales (apenas necesitará utilizar medias de elastocompresión graduada, pero sólo durante 2 o 3 días después de la aplicación)